Del mundo arrasado por la Segunda Guerra Mundial, surgieron dos potencias hegemónicas que impusieron dominio sobre vastas regiones del planeta: Estados Unidos de América y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Fueron dos sistemas antagónicos que pugnaron en una “guerra fría” por más de cuatro décadas. Hubo un permanente enfrentamiento indirecto, paralelo a una aterradora carrera armamentista (nuclear), que amenazaba la existencia de la humanidad. La particularidad de este conflicto fue que ambas potencias evitaron enfrentarse directamente en el plano militar, dado el peligro que representaba la disponibilidad de armamento nuclear. Quedaron así contenidas por el “equilibrio del terror”. La presencia de una ponía límites a la expansión de la otra.
Una de las estrategias consistió en atraer a su zona de influencia otros países, por medio de alianzas político-militares o relaciones económico-financieras. En algunas ocasiones, esta forma de expansión provocó conflictos armados localizados, pero sin que las dos grandes potencias lucharan directamente, como lo que ocurrió con las guerras de Corea y de Vietnam.
Por otra parte, Europa Occidental, recuperada de la reconstrucción de la Guerra, volvió a ser potencia económica e industrial, al igual que Japón.
El mundo capitalista adelantado, atravesó un ciclo de gran expansión económica, interrumpido por una crisis estructural de 1973, cuando miembros de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) limitaron sus exportaciones. El precio del barril aumentó entonces en más de un 300%. Esta crisis produjo cambios profundos en el sistema productivo.
Se dio un “despertar de los pueblos” que culminó por la descolonización de África y Asia y los movimientos de “liberación nacional” en Latinoamérica, que lucharon para sacarla de su situación semi-colonial.
Los Estados Unidos concibieron un nuevo proyecto estratégico, con el propósito de cooptar a los países periféricos –especialmente de América Latina- con una política de modernización. Un modelo superador del proyecto socialista.
El presidente J. Kennedy quiso imponerlo mediante la “Alianza para el progreso”.
Sociólogos funcionalistas norteamericanos, elaboraron la Teoría del Desarrollo que sostiene como clave de la modernización, la industrialización.
Esta teoría afirma que las sociedades de los países atrasados, para modernizarse, deben adoptar las pautas de comportamientos y consumo de los países adelantados de occidente. Por lo que es necesario superar el subdesarrollo y alcanzar los niveles de los países adelantados por medio de la instalación de industrias básicas (siderurgia, energía, petroquímica, metalmecánica, química). Si los capitales nacionales no son suficientes, debe recurrirse a las inversiones extranjeras.
A mediados de los ’50, esta teoría encontró eco favorable en importantes organismos como la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), en ámbitos académicos como la Universidad de Buenos Aires, en economistas y políticos como Rogelio Frigerio, Arturo Frondizi y su partido, la UCRI, vencedores en los comicios generales de 1958.
Para los desarrollistas argentinos, el capital extranjero podía ser “liberador” si un Estado Nacional fuerte lo controlaba y orientaba las inversiones en los sectores productivos útiles par el desarrollo del país.
Esta industria pesada tendría un efecto multiplicador a través de reinversiones y permitiría una integración vertical con la industria liviana.
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Modelo Agroexportador
Contexto internacional
Desde mediados del siglo XIX, en Europa, Estados Unidos y Japón, se produce un fantástico desarrollo técnico-científico que da origen a la Segunda Revolución Industrial.
Surgieron nuevas industrias: siderurgia, químicas, electricidad, máquinas-herramientas, motores a explosión, etc. que requieren gran cantidad de materias primas y mercados consumidores de la enorme producción, que luego se obtendrían en otros continentes: América Latina, Asia, África y Oceanía.
Se constituye el Mercado Mundial con características definidas. A fines del Siglo XIX la necesidad de nuevos mercados produjo que las potencias occidentales establezcan “zonas de influencia”, en la que cada una tenía prioridad para comerciar e invertir (es decir, impusieron un mercado cautivo). A este proceso de expansión capitalista se lo denominó Imperialismo.
Surge, así, la división internacional del trabajo:
- Por un lado, se encontraban aquellos países industrializados (los países “centrales”) que se especializaron y se concentraron en la producción de manufacturas, de bienes de capital y de tecnología. Estos países demandaban viejas y nuevas materias primas para la producción y la alimentación de una población que crecía y que disponía de ingresos en aumento. Además, invertían su capital excedente en el desarrollo de la infraestructura y los transportes ligados al circuito de su comercio (inversiones en países “periféricos”).
- Por otro lado, existían aquellos países, como Argentina, que se especializaron en la producción de alimentos y materias primas para abastecer a los países centrales. A su vez, se transformaron en mercados consumidores de productos industrializados. Además, recibieron el excedente de población de los países “centrales”, producto de la “explosión demográfica”. Estos países conformaron las “periferias capitalistas”.
De esta manera, Argentina se fue insertando al Mercado Mundial bajo el ala de Gran Bretaña, una de las potencias más dinámicas de aquella época. En un primer momento, esta asociación contribuyó a la consolidación del Estado. Sin embargo, la gran dependencia de Argentina respecto de esta potencia llevaría a la desestabilización y la crisis de nuestro país en años posteriores.
Rol del Estado
La clase dirigente –la oligarquía- dedicó todos sus esfuerzos en impulsar el desarrollo agropecuario, convencida de que era lo más conveniente para el país.
Impulsó la actividad privada, fomentó las inversiones extranjeras y dejó en sus manos los principales resortes de la actividad económica, generadora de riqueza.
La oligarquía adhería a la corriente positivista, en su versión spenceriana, por su valoración de la eficiencia y el pragmatismo, del orden y el progreso.
Puede sintetizarse así, lo realizado por el Estado:
- Incorporación de las tierras fértiles, con expulsión de los indios:
En 1879 el Estado se aseguró, con la “Conquista del desierto”, 20000 leguas cuadradas, entre ellas, millones de hectáreas de las tierras más fértiles del mundo. Para ellos, los indios fueron muertos, apresados y luego repartidos entre familias “distinguidas” de Buenos Aires como sirvientes, o empujados al sur o a la cordillera.
Hacia 1911, se completó la ocupación de los territorios de la frontera nordeste.
- Transferencia de tierras fiscales a particulares:
- Protección armada de la propiedad privada.
- Introducción de inmigrantes:
También en la Constitución Nacional, La Ley 25 fomentaba la inmigración europea. Sin embargo, fue recién a partir de 1880 que se comenzaron a observar las cifras más altas.
El Estado intentó fomentar la inmigración mediante propaganda y pasajes subsidiados.
- Instalación de ferrocarriles nacionales; garantías a los ferrocarriles extranjeros, concesión gratuita de tierras y exención de gravámenes e impuestos.
En la década de 1880, aparecieron grandes empresas, especialmente inglesas, que comenzaron a presionar para que el Estado vendiera el Ferrocarril Oeste. Finalmente, se privatizó.
Todas las líneas que pasaban por la zona pampeana y que unían las grandes cabeceras con Córdoba, con Mendoza, con Bahía Blanca, pasaron a ser propiedad del capitalismo privado porque constituían las de mayor ganancia. En cambio, las líneas de fomento serían construidas por el Estado.
Los ferrocarriles resultaron extraordinariamente rendidores para las empresas británicas: en condiciones ciertamente privilegiadas, se aseguraron una ganancia que aseguraba el Estado, quien también otorgaba exenciones impositivas y tierras a los costados de las vías por tenderse.
- Construcción de puertos, obras urbanas, de salubridad, de instrucción pública, etc.
Por otra parte, se modernizaron las ciudades a partir de modernos servicios de higiene y transportes, plazas, avenidas y un conjunto de edificios públicos ostentosos.
- Información básica: relevamientos estadísticos, confección de planos topográficos, etc.
Factor dinámico
Para que una economía crezca debe haber una demanda solvente, es decir, con capacidad de pago. A lo largo de este modelo, Argentina encontró esa demanda en el sector externo, en la exportación de granos y carnes.
De esta manera, el sector externo le daba dinamismo al modelo. Toda la actividad económica giraba alrededor de un eje: producir excedentes agrícolas y pecuarios para ser exportados.
No se pretendía abastecer al mercado interno, sino aprovechar la renta agraria. De allí, las denominaciones de modelo “agroexportador”, “de crecimiento hacia fuera” o “de economía primaria exportadora”.
La estructura económico-social adquirió una definida característica agraria, que trascendió al modelo. Los esfuerzos públicos y privados no coincidieron en impulsar el desarrollo agropecuario.
Se introdujeron nuevas razas bovinas (shorton, heresford, aberdeen) que desplazaron al ganado criollo.
El desarrollo industrial fue escaso. Hubo industrias modernas, como la frigorífica y molinera, imprescindibles complementos de las exportaciones agropecuarias. Pero la industria destinada a abastecer el mercado interno fue modesta.
El Estado, a través de los impuestos aduaneros obtenía recursos para amortizar la deuda externa, cubrir los gastos de la administración pública y financiar numerosas obras.
Las divisas obtenidas por exportación primaria permitía pagar las importaciones, esto enriquecía a terratenientes e inversores.
Por otra parte, el Estado buscó estimular algunas producciones del interior para paliar los agudos desequilibrios regionales, este fue el caso de la azucarera en Tucumán y Noroeste, y la vitivinícola en Cuyo.
Vulnerabilidad y Crisis
La crisis económica de 1929, el crack de la Bolsa de Valores de Nueva York (Wall Street), desarticuló el mercado mundial y afectó a todos los sectores económicos.
La libra esterlina no pudo mantener su convertibilidad y se declaró inconvertible. Perdió su liderazgo como moneda internacional y fue desplazada por el dólar.
Por otra parte, pese al crecimiento logrado, la estructura económica-productiva de Argentina era sumamente vulnerable: dependía totalmente de las compras del exterior. El país había progresado en función de las necesidades europeas, principalmente de Gran Bretaña. No había diversificado su economía: era “monoproductor” de materia prima.
El ciclo expansivo fue impulsado por factores exógenos, que imponían las condiciones: precios, volúmenes, calidad, etc.
Durante el apogeo del ciclo, en 1910, hubo capitales suficientes como para expandir y diversificar la actividad productiva, pero los recursos se malgastaban en Europa. No se montó la industria liviana ni pesada, no se integró la actividad económica, no hubo desarrollo científico-tecnológico, que diera autonomía a la economía argentina.
La estrecha vinculación de la economía argentina con la internacional la sensibilizó a sus fluctuaciones cíclicas. Europa disminuyó bruscamente sus compras a la Argentina y los precios cayeron un 50%. Las escasas divisas de la renta agraria no podían mantener un exitoso funcionamiento de la economía.
Por otra parte, en el plano político, la crisis agravó las diferencias de la conducción gubernativa de Hipólito Yrigoyen y le sirvió a la oposición para acusarlo de ineptitud total.
La salida a esta crisis económico-política fue un golpe militar de tipo oligárquico que intentó restaurar la hegemonía para el sector agrario-exportador.
Paz: "Proceso de acumulación y política económica"
CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA ARGENTINA AGROEXPORTADORA
- respeto al libre comercio
- emisión de títulos de la deuda pública
- contratación de empréstitos en el mercado de Londres como política de financiamiento
- política fiscal de tipo gladstoniana
- creación de facilidades de comercialización (almacenes, frigoríficos, etc.)
- montaje de una estructura financiera
- ampliación del stock ganadero
- utilización de barcos refrigerados
- instalaciones de frigoríficos y de puertos
- introducción de alambradas en los campos
- elevada capacidad de acumulación por un período relativamente largo de tiempo
- productividad por hombre sumamente elevada
- altas y fijas tasas de remuneraciones a la fuerza de trabajo
- incorporación de mano de obra extranjera
- gran transformación demográfica y étnica
- excedente concentrado en manos de un pequeño grupo de grandes empresarios
- formación de un importante mercado interno
- formación de un mercado de insumos
- desarrollo de una diversidad de servicios
- creación de un sistema de transporte y comunicaciones de tipo radial par ligar todos los centros poblacionales y productivos con el puerto de exportación
- constitución de la gran propiedad rural, donde prevalece el empleo de mano de obra asalariada.
- surgimiento de sistemas de aparcería y arrendamiento
- propietarios:
- producción primaria: nacional
- servicios públicos y sistemas financiero y de comercialización: extranjero (les permite integrarse verticalmente)
- intensa labor de apropiación de tierras y ganado que, cuando sobreviene el auge exportador, se orienta hacia la exportación
- Estado nacional, con una organización jurídica liberal, que permitía absorber, dentro de ciertas condiciones legales y jurídicas establecidas, una gran masa de recursos y de capital
- formación de grupos medios urbanos (empleados públicos y privados, profesionales y técnicos, empresarios de ciertas actividades industriales y de servicios) y rurales (arrendatarios y colonos, parte de los propietarios del interior) dependientes del excedente de la exportación
- defensa del sector terrateniente y de los intereses extranjeros por parte del Estado
- adquisición progresiva de responsabilidades políticas por parte de los grupos medios. Creación de alianzas con los sectores tradicionales
- desarrollo de una política educativa orientada a estructurar la nacionalidad
- rol del Estado relativamente restringido en su acción económica
- incipiente proceso de industrialización y de diversificación de la estructura productiva
- Política económica liberal:
- respeto al libre comercio
- emisión de títulos de la deuda pública
- contratación de empréstitos en el mercado de Londres como política de financiamiento
- política fiscal de tipo gladstoniana
- Expansión de la frontera agrícola: definió las bases de la política económica:
- Gran movimiento inmigratorio: política agresiva de inmigración para proveerse de mano de obra.
- Diversificación de la estructura productiva
- Proceso de urbanización de las zonas portuarias
- Transferencia masiva de recursos humanos y de capital: creación de un sistema económico, financiero y comercial- construcción de un sistema de transporte interno y de facilidades portuarias.
- creación de facilidades de comercialización (almacenes, frigoríficos, etc.)
- montaje de una estructura financiera
- Proceso de transformación tecnológica y aumento sustancial de la productividad y de la producción:
- ampliación del stock ganadero
- utilización de barcos refrigerados
- instalaciones de frigoríficos y de puertos
- introducción de alambradas en los campos
FACTORES CREADORES Y TRANSFORMADORES DE LA ESTRUCTURA SOCIOECONÓMICA
- elevada capacidad de acumulación por un período relativamente largo de tiempo
- productividad por hombre sumamente elevada
- altas y fijas tasas de remuneraciones a la fuerza de trabajo
- incorporación de mano de obra extranjera
- gran transformación demográfica y étnica
- excedente concentrado en manos de un pequeño grupo de grandes empresarios
- formación de un importante mercado interno
- formación de un mercado de insumos
- desarrollo de una diversidad de servicios
- creación de un sistema de transporte y comunicaciones de tipo radial par ligar todos los centros poblacionales y productivos con el puerto de exportación
- constitución de la gran propiedad rural, donde prevalece el empleo de mano de obra asalariada.
- surgimiento de sistemas de aparcería y arrendamiento
- propietarios:
- producción primaria: nacional
- servicios públicos y sistemas financiero y de comercialización: extranjero (les permite integrarse verticalmente)
AGENTES TRANSFORMADORES DE LA ECONOMÍA
- Actividad exportadora:
- intensa labor de apropiación de tierras y ganado que, cuando sobreviene el auge exportador, se orienta hacia la exportación
- Estado nacional, con una organización jurídica liberal, que permitía absorber, dentro de ciertas condiciones legales y jurídicas establecidas, una gran masa de recursos y de capital
- Estado:
- formación de grupos medios urbanos (empleados públicos y privados, profesionales y técnicos, empresarios de ciertas actividades industriales y de servicios) y rurales (arrendatarios y colonos, parte de los propietarios del interior) dependientes del excedente de la exportación
- defensa del sector terrateniente y de los intereses extranjeros por parte del Estado
- adquisición progresiva de responsabilidades políticas por parte de los grupos medios. Creación de alianzas con los sectores tradicionales
- desarrollo de una política educativa orientada a estructurar la nacionalidad
- rol del Estado relativamente restringido en su acción económica
- incipiente proceso de industrialización y de diversificación de la estructura productiva
Ficha de Vilar: "Introducción"
1. PRIMEROS POBLADORES DEL TERRITORIO ARGENTINO
La presencia del género humano en Argentina data de aproximadamente 10 mil años.
Cuando llegaron los españoles, los más adelantados se concentraban en la región noroeste (Diaguitas, Atacamas, Omaguacas). Otros grupos de sedentarios agricultores, se ubicaron en las sierras centrales (Comechingones) y Cuyo (Huarpes). El resto del territorio, lo poblaban tribus cazadoras, pescadoras y recolectoras.
2. LA ÉPOCA COLONIAL
Los españoles se apoderaron del territorio, lo poblaron, establecieron sus instituciones políticas, sociales y económicas, impusieron su lengua, religión y cultura.
Los indios fueron sometidos “a servidumbre”, despojados de sus tierras y bienes y obligados a trabajar en beneficio del español.
La América española tenía una condición colonial, dependiente de un imperio atrasado y decadente como España.
El sistem monopólico impuesto por España, excluía del comercio directo a Buenos Aires, la cual se dedicó al contrabando para progresar.
El oro y la plata americano malgastados por España, fueron el fundamento económico de la Revolución Industrial inglesa del S. XVIII.
Al decaer la extracción de plata, el cuero vacuno se convirtió en el principal producto de exportación de Buenos Aires.
Composición social:
- Españoles peninsulares
(cargos políticos y religiosos, encomenderos, mineros y terratenientes)
- Descendientes criollos
(algunos eran comerciantes y hacendados; otros, conformaban la plebe junto con los mestizos)
- Indios y africanos
(servidumbre)
3. LA ARGENTINA CRIOLLA
Con la Revolución de Mayo, se reemplazó la dominación española por la dominación porteña, detrás de la cual se escondí la “mano invisible” de Inglaterra.
La principal fuente de recursos fiscales eran los impuestos aduaneros de importación y exportación. Buenos Aires dispuso del “puerto único”, lo que le permitió dominar el país.
Esta situación entró en crisis con la llamada “guerra civil” entre unitarios y federales, lo que en realidad fue la lucha entre Porteños y Provincianos por la renta aduanera. La derrota de Rosas en Caseros puso fin a una etapa.
En 1853, se sancionó la Constitución Nacional, de carácter republicana, federal y liberal. Los porteños la rechazaron y constituyeron el Estado de Buenos Aires.
Durante la década de la Confederación Argentina, se organizaron los poderes del Estado y se promovió una política de desarrollo bajo los principios de liberalismo económico. Este intento quedó ahogado por las penurias económicas y fue derrotado definitivamente cuando Urquiza abandonó la lucha en Pavón.
Luego de esto, Mitre tomó el mando del país.
La presencia del género humano en Argentina data de aproximadamente 10 mil años.
Cuando llegaron los españoles, los más adelantados se concentraban en la región noroeste (Diaguitas, Atacamas, Omaguacas). Otros grupos de sedentarios agricultores, se ubicaron en las sierras centrales (Comechingones) y Cuyo (Huarpes). El resto del territorio, lo poblaban tribus cazadoras, pescadoras y recolectoras.
2. LA ÉPOCA COLONIAL
Los españoles se apoderaron del territorio, lo poblaron, establecieron sus instituciones políticas, sociales y económicas, impusieron su lengua, religión y cultura.
Los indios fueron sometidos “a servidumbre”, despojados de sus tierras y bienes y obligados a trabajar en beneficio del español.
La América española tenía una condición colonial, dependiente de un imperio atrasado y decadente como España.
El sistem monopólico impuesto por España, excluía del comercio directo a Buenos Aires, la cual se dedicó al contrabando para progresar.
El oro y la plata americano malgastados por España, fueron el fundamento económico de la Revolución Industrial inglesa del S. XVIII.
Al decaer la extracción de plata, el cuero vacuno se convirtió en el principal producto de exportación de Buenos Aires.
Composición social:
- Españoles peninsulares
(cargos políticos y religiosos, encomenderos, mineros y terratenientes)
- Descendientes criollos
(algunos eran comerciantes y hacendados; otros, conformaban la plebe junto con los mestizos)
- Indios y africanos
(servidumbre)
3. LA ARGENTINA CRIOLLA
Con la Revolución de Mayo, se reemplazó la dominación española por la dominación porteña, detrás de la cual se escondí la “mano invisible” de Inglaterra.
La principal fuente de recursos fiscales eran los impuestos aduaneros de importación y exportación. Buenos Aires dispuso del “puerto único”, lo que le permitió dominar el país.
Esta situación entró en crisis con la llamada “guerra civil” entre unitarios y federales, lo que en realidad fue la lucha entre Porteños y Provincianos por la renta aduanera. La derrota de Rosas en Caseros puso fin a una etapa.
En 1853, se sancionó la Constitución Nacional, de carácter republicana, federal y liberal. Los porteños la rechazaron y constituyeron el Estado de Buenos Aires.
Durante la década de la Confederación Argentina, se organizaron los poderes del Estado y se promovió una política de desarrollo bajo los principios de liberalismo económico. Este intento quedó ahogado por las penurias económicas y fue derrotado definitivamente cuando Urquiza abandonó la lucha en Pavón.
Luego de esto, Mitre tomó el mando del país.
El Proceso de Reorganización Nacional y el Gobierno de Alfonsín
a) Política económica de la última dictadura militar:
El 24 de marzo de 1976 fue destituida la presidente María Estela Martínez de Perón. En su reemplazo, las Fuerzas Armadas asumieron la conducción política del país a través de una Junta de Comandantes conformada por el General Jorge Videla, el Almirante Emilio Eduardo Massera y el Brigadier Orlando Ramón Agosti. Videla asumió la primera magistratura.
El Proceso de Reorganización Nacional, tal como se autoproclamó, tuvo como objetivo refundar la Nación sobre nuevas bases políticas, económicas y sociales. Se propuso terminar con la feroz puja distributiva y eliminar las causas que la generaban: el dirigismo, el distribucionismo y el desarrollismo.
La Junta Militar se ocupó de elaborar un proyecto de reforma integral, pero nunca fue aplicado. Simultáneamente, el Programa económico de Martínez de Hoz, pese a algunas resistencias internas, fue firmemente sostenido durante los 5 años que duró su gestión. Por su trascendencia, se puede afirmar que fue la única política del Proceso.
El ministro de Economía Martínez de Hoz, realizó reformas liberales de fondo, que se tornaron irreversibles. Se pueden resumir de la siguiente manera:
Estas reformas redujeron la autonomía relativa del Estado, lo desvincularon de las tareas de asignación de recursos y de distribución del ingreso, propios del estado de bienestar, y lo orientaron hacia el reforzamiento de la centralización del capital y la concentración del capital y el ingreso.
La liberalización comercial y financiera y el endeudamiento externo promovieron la transferencia de recursos hacia determinadas fracciones del capital, instalando un nuevo patrón de acumulación y conformando un nuevo bloque de poder con capacidad de orientar un proyecto de país y una modalidad de inserción internacional.
La crisis se extendió en el tiempo, modificando severamente las relaciones entre economía, Estado y sociedad, y entre clases y sectores. Ello se produjo a través del vaciamiento de las instituciones y organizaciones fundamentales para los procesos de inclusión progresiva que habían avanzado trabajosamente a partir de los años ’30.
Se trataba, fundamentalmente, de remover las bases económicas y sociales del anterior modelo a partir de la instalación de un nuevo patrón de acumulación con características de irreversibilidad.
La reconstrucción de las condiciones de dominación pasó por la destrucción de las instituciones, por el vaciamiento de las organizaciones vigentes hasta entonces y por la redefinición del Estado: se invirtió el sentido de la distribución del ingreso excluyendo de la participación a los sectores populares, mientras aumentaba el presupuesto militar y de seguridad.
Intervenidas las entidades sindicales y suprimidos el derecho a huelga y las convenciones colectivas en materia salarial, se avanzó hacia una acentuada disminución del salario real y una creciente dispersión del mismo entre distintas categorías de asalariados y de actividades económicas.
Además de la reducción drástica del gasto social, la redefinición y reorientación del Estado incluyó la privatización de empresas estatales productivas, estrechando su vinculación con firmas oligopólicas a través de la demanda de bienes y servicios. Al mismo tiempo, se privatizaron parte de sus actividades, se indexaron sus tarifas y se las obligó a endeudarse con el exterior.
Se eliminaron las transferencias hacia el Estado provenientes del sector agropecuario a través de los derechos de exportación, la estructura impositiva se volvió regresiva y se subsidió vigorosamente al sector financiero.
La supuesta “ineficiencia” de la industrialización sustitutiva fue el argumento básico para modificar la estructura productiva. Sin embargo, no se intentó instalar patrones de crecimiento competitivo a través de políticas de desarrollo tecnológico e industrial y de restricciones a la formación de monopolios no innovadores ni transitorios.
La conducción económica de la dictadura recurrió a la reducción de los aranceles que gravaban los bienes importados, a la subvaluación del dólar y a la manipulación de las tasas de interés a través del sistema financiero que, junto con el Estado, pasó a ser el principal asignador de los recursos internos y externos, dando lugar (mediante estos últimos) a la conformación de una deuda externa sin precedentes.
Además, en 1982, con la Resolución del presidente del Banco Central Domingo Cavallo, se transfirieron las deudas externas privadas al Estado. Estas deudas constituían más de 7000 millones de dólares.
Dada la magnitud del endeudamiento, el Estado trasladó su pago en el tiempo, lo que acentuó la irreversibilidad de los cambios producidos en términos de producto, inversión, salarios y empleo.
En síntesis, la Reforma Financiera de 1977, la reducción violenta de los salarios, el aperturismo y la liberalización asimétrica de los mercados de bienes y de dinero y el endeudamiento externo fueron los mecanismos que delinearon los principios rectores de la política económica de la última dictadura.
b) Herencias de la dictadura:
El presidente constitucional Raúl Alfonsín asumió su mandato el 10 de diciembre de 1983. Durante su campaña electoral, había resaltado las virtudes del sistema democrático, había atacado los intereses corporativos que lo desvirtuaban, había denunciado el “pacto sindical-militar”, se había comprometido a anular la ley de autoamnistía y a juzgar a los violadores de los derechos humanos y había prometido revisar el origen de la deuda externa y reactivar la actividad productiva.
Sin embargo, el partido gobernante reveló su incapacidad para medir las dimensiones de la grave situación del país al llevar adelante prácticas similares a las que había implementado la última vez que había estado en el poder (1963-1966).
La Argentina ya no era la misma. Las dificultades que debía enfrentar el gobierno eran completamente distintas de las que había tenido que sortear cualquier gobierno previo a 1976.
En cuanto a la cuestión social, el gobierno de Alfonsín debía encausar a los sectores populares totalmente segmentados y dispersos. Además, debía definir medidas a tomar en torno a las violaciones de los derechos humanos producidas en la época de la dictadura.
Fundamentalmente, la política de Derechos Humanos se basó en la anulación de la ley de autoamnistía; la reforma del Código de la Justicia Militar, dándole competencia a la Justicia Civil en sus sentencias; el inicio del juicio a los comandantes y jefes; y la creación de la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), que se encargaría de recaban información sobre el terrorismo de Estado.
Por su parte, la CONADEP realizó una investigación y presentó un informe titulado “Nunca Más”, en el que se denunciaban miles de desapariciones, torturas y violaciones, y numerosas personas comprometidas con la represión.
En 1985, se realizó el juicio histórico en el que, por primera vez, los integrantes de las tres Juntas Militares fueron sentados en el banquillo de los acusados por sus delitos. Finalmente, la Cámara dio su fallo, condenando a Videla y Massera a prisión perpetua y a los demás, a penas menores hasta la absolución. Luego de esto, correspondía llevar a juicio a los autores directos de los crímenes.
Pero los oficiales comenzaron a presionar insistentemente a Alfonsín, que, en 1986, hizo votar la “Ley de Punto Final” que ponía un límite de 60 días para presentar las denuncias.
Cuando un juez citó a declarar a un oficial, éste se negó y buscó refugio en un regimiento, donde fue protegido. Ese fue el origen del levantamiento de Semana Santa de 1987, encabezado por el teniente coronel Aldo Rico. Desde Campo de Mayo reclamó la anulación de los juicios a militares que habían cumplido órdenes.
Alfonsín cedió, negoció con Rico y aceptó todas las exigencias del amotinado. Fruto de esta capitulación fue la “Ley de Obediencia Debida” que exculpaba de toda responsabilidad a los militares que habían cumplido órdenes.
Luego, Rico encabezó un segundo levantamiento “carapintada” en Monte Caseros, en el que pedía -sin resultado- la reivindicación de los militares condenados.
A fin de año, el coronel nacionalista Mohamed Alí Seineldín, condujo un nuevo levantamiento en reclamo de una amplia amnistía para los militares que tampoco tuvo éxito.
Por otra parte, en el plano económico, el gobierno de Alfonsín se encontró con nuevos grupos económicos integrados y transnacionalizados, una marcada desindustrialización, altas tasas de desempleo y la enorme deuda externa, acompañada por la presión de la Banca Acreedora.
El radicalismo tuvo dos políticas diferentes con respecto a la deuda. La primera coincide con la promesa de la campaña electoral y estuvo bajo la conducción del ministro Bernardo Grinspun. Esta política fracasó rápidamente por su visión distorsionada de la relación de fuerzas que se tenía con respecto a los países centrales y al no reconocimiento del predominio de las fracciones de capital fortalecidas durante la dictadura.
A partir de 1985, se registra un cambio de estrategia, liderada por el nuevo ministro Juan Vital Sourrouille. Esta estrategia se concretó con el Plan Austral, redefiniendo la relación con los acreedores externos, e incorporando transformaciones económicas, y considerando que los grupos económicos son un sector de la burguesía nacional que dispone del excedente necesario para el proceso de crecimiento e inversión.
Sin embargo, no se tuvo en cuenta que los grupos económicos no pueden caracterizarse como parte de la burguesía nacional, puesto que conforman una burguesía local internacionalizada que, lejos de emprender un proyecto de acumulación autónomo para toda la sociedad, remite su propio crecimiento a la obtención de ganancias extraordinarias dentro de un carácter fuertemente especulativo.
Con el evidente agotamiento del Plan Austral, en 1988 surge la propuesta del Plan Primavera que implica una fractura entre el FMI que reclama políticas de ajuste y pago de la deuda y el Banco Mundial que privilegia el cambio estructural del Estado.
El cambio de gobierno en Estados Unidos y el consiguiente reclamo de pago de la deuda, unido al comportamiento de los grupos económicos y a la crisis fiscal, definirán el contexto de la crisis inflacionaria de 1989.
Bibliografía
AAVV: La economía argentina a fin de siglo: fragmentación presente y desarrollo ausente, Buenos Aires, Edit. Eudeba, 1998.
MIRANDA, E.; COLOMBO, E.: Historia Argentina Contemporánea, Buenos Aires, Edit. Kapelusz, 2000.
ROMERO, Luis: Breve historia contemporánea de la Argentina, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2010.
VILAR, Juan: Contribución al conocimiento de la realidad nacional, Ficha de cátedra.
El 24 de marzo de 1976 fue destituida la presidente María Estela Martínez de Perón. En su reemplazo, las Fuerzas Armadas asumieron la conducción política del país a través de una Junta de Comandantes conformada por el General Jorge Videla, el Almirante Emilio Eduardo Massera y el Brigadier Orlando Ramón Agosti. Videla asumió la primera magistratura.
El Proceso de Reorganización Nacional, tal como se autoproclamó, tuvo como objetivo refundar la Nación sobre nuevas bases políticas, económicas y sociales. Se propuso terminar con la feroz puja distributiva y eliminar las causas que la generaban: el dirigismo, el distribucionismo y el desarrollismo.
La Junta Militar se ocupó de elaborar un proyecto de reforma integral, pero nunca fue aplicado. Simultáneamente, el Programa económico de Martínez de Hoz, pese a algunas resistencias internas, fue firmemente sostenido durante los 5 años que duró su gestión. Por su trascendencia, se puede afirmar que fue la única política del Proceso.
El ministro de Economía Martínez de Hoz, realizó reformas liberales de fondo, que se tornaron irreversibles. Se pueden resumir de la siguiente manera:
- Anulación de derechos laborales, congelamiento de sueldos y salarios y liberación de los precios.
- Apertura de los mercados, con sustanciales rebajas de los aranceles de importación, que arrasó con gran parte de la industria nacional.
- Aumento del presupuesto militar.
- Realización de obras muy costosas pero sin valor estratégico para el crecimiento económico.
- Sanción de la Reforma Financiera de 1977, mediante la cual el Estado garantizó las operaciones bancarias que generaron una formidable especulación financiera con la explosiva mezcla de la “pauta cambiaria”. Esto llevó a que el Estado debiera cubrir el frenesí especulativo mediante el endeudamiento.
Estas reformas redujeron la autonomía relativa del Estado, lo desvincularon de las tareas de asignación de recursos y de distribución del ingreso, propios del estado de bienestar, y lo orientaron hacia el reforzamiento de la centralización del capital y la concentración del capital y el ingreso.
La liberalización comercial y financiera y el endeudamiento externo promovieron la transferencia de recursos hacia determinadas fracciones del capital, instalando un nuevo patrón de acumulación y conformando un nuevo bloque de poder con capacidad de orientar un proyecto de país y una modalidad de inserción internacional.
La crisis se extendió en el tiempo, modificando severamente las relaciones entre economía, Estado y sociedad, y entre clases y sectores. Ello se produjo a través del vaciamiento de las instituciones y organizaciones fundamentales para los procesos de inclusión progresiva que habían avanzado trabajosamente a partir de los años ’30.
Se trataba, fundamentalmente, de remover las bases económicas y sociales del anterior modelo a partir de la instalación de un nuevo patrón de acumulación con características de irreversibilidad.
La reconstrucción de las condiciones de dominación pasó por la destrucción de las instituciones, por el vaciamiento de las organizaciones vigentes hasta entonces y por la redefinición del Estado: se invirtió el sentido de la distribución del ingreso excluyendo de la participación a los sectores populares, mientras aumentaba el presupuesto militar y de seguridad.
Intervenidas las entidades sindicales y suprimidos el derecho a huelga y las convenciones colectivas en materia salarial, se avanzó hacia una acentuada disminución del salario real y una creciente dispersión del mismo entre distintas categorías de asalariados y de actividades económicas.
Además de la reducción drástica del gasto social, la redefinición y reorientación del Estado incluyó la privatización de empresas estatales productivas, estrechando su vinculación con firmas oligopólicas a través de la demanda de bienes y servicios. Al mismo tiempo, se privatizaron parte de sus actividades, se indexaron sus tarifas y se las obligó a endeudarse con el exterior.
Se eliminaron las transferencias hacia el Estado provenientes del sector agropecuario a través de los derechos de exportación, la estructura impositiva se volvió regresiva y se subsidió vigorosamente al sector financiero.
La supuesta “ineficiencia” de la industrialización sustitutiva fue el argumento básico para modificar la estructura productiva. Sin embargo, no se intentó instalar patrones de crecimiento competitivo a través de políticas de desarrollo tecnológico e industrial y de restricciones a la formación de monopolios no innovadores ni transitorios.
La conducción económica de la dictadura recurrió a la reducción de los aranceles que gravaban los bienes importados, a la subvaluación del dólar y a la manipulación de las tasas de interés a través del sistema financiero que, junto con el Estado, pasó a ser el principal asignador de los recursos internos y externos, dando lugar (mediante estos últimos) a la conformación de una deuda externa sin precedentes.
Además, en 1982, con la Resolución del presidente del Banco Central Domingo Cavallo, se transfirieron las deudas externas privadas al Estado. Estas deudas constituían más de 7000 millones de dólares.
Dada la magnitud del endeudamiento, el Estado trasladó su pago en el tiempo, lo que acentuó la irreversibilidad de los cambios producidos en términos de producto, inversión, salarios y empleo.
En síntesis, la Reforma Financiera de 1977, la reducción violenta de los salarios, el aperturismo y la liberalización asimétrica de los mercados de bienes y de dinero y el endeudamiento externo fueron los mecanismos que delinearon los principios rectores de la política económica de la última dictadura.
b) Herencias de la dictadura:
El presidente constitucional Raúl Alfonsín asumió su mandato el 10 de diciembre de 1983. Durante su campaña electoral, había resaltado las virtudes del sistema democrático, había atacado los intereses corporativos que lo desvirtuaban, había denunciado el “pacto sindical-militar”, se había comprometido a anular la ley de autoamnistía y a juzgar a los violadores de los derechos humanos y había prometido revisar el origen de la deuda externa y reactivar la actividad productiva.
Sin embargo, el partido gobernante reveló su incapacidad para medir las dimensiones de la grave situación del país al llevar adelante prácticas similares a las que había implementado la última vez que había estado en el poder (1963-1966).
La Argentina ya no era la misma. Las dificultades que debía enfrentar el gobierno eran completamente distintas de las que había tenido que sortear cualquier gobierno previo a 1976.
En cuanto a la cuestión social, el gobierno de Alfonsín debía encausar a los sectores populares totalmente segmentados y dispersos. Además, debía definir medidas a tomar en torno a las violaciones de los derechos humanos producidas en la época de la dictadura.
Fundamentalmente, la política de Derechos Humanos se basó en la anulación de la ley de autoamnistía; la reforma del Código de la Justicia Militar, dándole competencia a la Justicia Civil en sus sentencias; el inicio del juicio a los comandantes y jefes; y la creación de la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), que se encargaría de recaban información sobre el terrorismo de Estado.
Por su parte, la CONADEP realizó una investigación y presentó un informe titulado “Nunca Más”, en el que se denunciaban miles de desapariciones, torturas y violaciones, y numerosas personas comprometidas con la represión.
En 1985, se realizó el juicio histórico en el que, por primera vez, los integrantes de las tres Juntas Militares fueron sentados en el banquillo de los acusados por sus delitos. Finalmente, la Cámara dio su fallo, condenando a Videla y Massera a prisión perpetua y a los demás, a penas menores hasta la absolución. Luego de esto, correspondía llevar a juicio a los autores directos de los crímenes.
Pero los oficiales comenzaron a presionar insistentemente a Alfonsín, que, en 1986, hizo votar la “Ley de Punto Final” que ponía un límite de 60 días para presentar las denuncias.
Cuando un juez citó a declarar a un oficial, éste se negó y buscó refugio en un regimiento, donde fue protegido. Ese fue el origen del levantamiento de Semana Santa de 1987, encabezado por el teniente coronel Aldo Rico. Desde Campo de Mayo reclamó la anulación de los juicios a militares que habían cumplido órdenes.
Alfonsín cedió, negoció con Rico y aceptó todas las exigencias del amotinado. Fruto de esta capitulación fue la “Ley de Obediencia Debida” que exculpaba de toda responsabilidad a los militares que habían cumplido órdenes.
Luego, Rico encabezó un segundo levantamiento “carapintada” en Monte Caseros, en el que pedía -sin resultado- la reivindicación de los militares condenados.
A fin de año, el coronel nacionalista Mohamed Alí Seineldín, condujo un nuevo levantamiento en reclamo de una amplia amnistía para los militares que tampoco tuvo éxito.
Por otra parte, en el plano económico, el gobierno de Alfonsín se encontró con nuevos grupos económicos integrados y transnacionalizados, una marcada desindustrialización, altas tasas de desempleo y la enorme deuda externa, acompañada por la presión de la Banca Acreedora.
El radicalismo tuvo dos políticas diferentes con respecto a la deuda. La primera coincide con la promesa de la campaña electoral y estuvo bajo la conducción del ministro Bernardo Grinspun. Esta política fracasó rápidamente por su visión distorsionada de la relación de fuerzas que se tenía con respecto a los países centrales y al no reconocimiento del predominio de las fracciones de capital fortalecidas durante la dictadura.
A partir de 1985, se registra un cambio de estrategia, liderada por el nuevo ministro Juan Vital Sourrouille. Esta estrategia se concretó con el Plan Austral, redefiniendo la relación con los acreedores externos, e incorporando transformaciones económicas, y considerando que los grupos económicos son un sector de la burguesía nacional que dispone del excedente necesario para el proceso de crecimiento e inversión.
Sin embargo, no se tuvo en cuenta que los grupos económicos no pueden caracterizarse como parte de la burguesía nacional, puesto que conforman una burguesía local internacionalizada que, lejos de emprender un proyecto de acumulación autónomo para toda la sociedad, remite su propio crecimiento a la obtención de ganancias extraordinarias dentro de un carácter fuertemente especulativo.
Con el evidente agotamiento del Plan Austral, en 1988 surge la propuesta del Plan Primavera que implica una fractura entre el FMI que reclama políticas de ajuste y pago de la deuda y el Banco Mundial que privilegia el cambio estructural del Estado.
El cambio de gobierno en Estados Unidos y el consiguiente reclamo de pago de la deuda, unido al comportamiento de los grupos económicos y a la crisis fiscal, definirán el contexto de la crisis inflacionaria de 1989.
10 de junio de 2010
Calificación: 8 (ocho)
__________Calificación: 8 (ocho)
Bibliografía
AAVV: La economía argentina a fin de siglo: fragmentación presente y desarrollo ausente, Buenos Aires, Edit. Eudeba, 1998.
MIRANDA, E.; COLOMBO, E.: Historia Argentina Contemporánea, Buenos Aires, Edit. Kapelusz, 2000.
ROMERO, Luis: Breve historia contemporánea de la Argentina, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2010.
VILAR, Juan: Contribución al conocimiento de la realidad nacional, Ficha de cátedra.
La Argentina Agroexportadora
a) Inserción de la Argentina al Mercado Mundial
Para analizar la incorporación de la Argentina al Mercado Mundial, es indispensable hacer una previa caracterización de las condiciones dominantes en aquella época.
A mediados del Siglo XIX, se comenzó a gestar la Segunda Revolución Industrial (también llamada “Revolución del acero”) en Inglaterra, Francia, Alemania, EEUU y Japón. Dicha Revolución significó una enorme transformación de la producción y el trabajo, a partir de un fantástico desarrollo técnico-científico (nuevas fuentes de energía, nuevas industrias, etc.). Asimismo, se innovaron los sistemas de transportes y comunicaciones.
A fines del Siglo XIX la necesidad de nuevos mercados produjo que las potencias occidentales establezcan “zonas de influencia”, en la que cada una tenía prioridad para comerciar e invertir (es decir, impusieron un mercado cautivo). A este proceso de expansión capitalista se lo denominó Imperialismo.
La mayoría de los países de América Latina mantuvo su independencia política, pero estuvo sujeta a una fuerte penetración económica de los países centrales, especialmente, Gran Bretaña.
En estas circunstancias, se produjo la integración del sistema económico mundial y surgió la denominada División Internacional del Trabajo:
• Por un lado, se encontraban aquellos países industrializados (los países “centrales”) que se especializaron y se concentraron en la producción de manufacturas, de bienes de capital y de tecnología. Estos países demandaban viejas y nuevas materias primas para la producción y la alimentación de una población que crecía y que disponía de ingresos en aumento. Además, invertían su capital excedente en el desarrollo de la infraestructura y los transportes ligados al circuito de su comercio (inversiones en países “periféricos”).
• Por otro lado, existían aquellos países, como Argentina, que se especializaron en la producción de alimentos y materias primas para abastecer a los países centrales. A su vez, se transformaron en mercados consumidores de productos industrializados. Además, recibieron el excedente de población de los países “centrales”, producto de la “explosión demográfica”. Estos países conformaron las “periferias capitalistas”.
En este sentido, cada país se especializaba, según sus “ventajas comparativas”, es decir, en aquellas producciones para las cuales contaba con las condiciones más ventajosas y, por tanto, podía ofrecer al mejor precio.
Mientras en el mundo comenzaba la integración plena del mercado, en la Argentina era deficiente aún la organización institucional. Para progresar, debía vencer una serie de obstáculos y asegurar, de esta forma, “la paz y el orden”, y el efectivo control sobre el territorio. Este objetivo se tradujo en varias acciones, entre las que podemos nombrar:
• Aseguraron el monopolio de la fuerza: desde 1852, el Estado fue dominando y subordinando a quienes, hasta entonces, habían desafiado su poder, y aseguró para el ejército nacional el monopolio de la fuerza.
• El Estado afirmó su poder sobre los vastos territorios controlados por los indígenas.
• Los límites territoriales del Estado se definieron con claridad, y las cuestiones internas se separaron tajantemente de las anteriores, con las que tradicionalmente se habían mezclado.
• La Constitución de 1853, sentó las bases jurídicas del Estado. Sin embargo, sirvió para justificar la concentración y el ejercicio deliberado del poder.
Progresivamente, el Estado fue venciendo los obstáculos y, poco a poco, se fue insertando en el Mercado Mundial a partir de la exportación de carnes y cereales (factor dinámico). No obstante, esto no hubiera sido posible sin el aporte de los capitales de Gran Bretaña (que venía funcionando de metrópolis desde 1810) al costo de la construcción del Estado.
Como se mencionó anteriormente, Gran Bretaña estuvo presente en la Argentina desde 1810. Sin embargo, fue en 1880, con la maduración del estado, que se consolidó la asociación angloargentina. Incapaz de afrontar la competencia industrial, Argentina se refugió en el Imperio Británico y en sus monopolios, y optó por las ganancias aseguradas por inversiones privilegiadas, de bajo riesgo y alta rentabilidad.
Además de los rubros tradicionales –comercios, bancos, préstamos al Estado-, los británicos se aseguraron los préstamos hipotecarios sobre las tierras, las inversiones en empresas públicas de servicios, como tranvías o aguas corrientes, y sobre todo los ferrocarriles.
Sin embargo, el fuerte endeudamiento del Estado convertía el servicio de la deuda externa en una carga onerosa que se solventaba con nuevos préstamos o con los saldos del comercio exterior. El problema se presentaba en los momentos de crisis cíclica, en el que ambas alternativas se reducían drásticamente.
Los lineamientos de la política económica fueron de claro corte liberal: patrón oro o patrón libra esterlina-oro como eje de la política cambiaria; respeto al librecomercio; emisión de títulos de la deuda pública y contratación de empréstitos en el mercado de Londres como política de financiamiento externo; política fiscal de tipo gladstoniana, etc.
Entre 1880 y 1890 el Estado desarrolló acciones dentro del marco del “gobierno liberal” para solucionar los “cuellos de botella” y crear condiciones para el desenvolvimiento de los empresarios privados.
El Estado también se hizo cargo de la “Conquista del Desierto” de la que resultó la incorporación de vastos territorios de tierras fértiles que fueron vendidas a muy bajo costo a pocas manos. Esta resultó decisiva para la conformación de la clase terrateniente, que vio en la explotación agraria extensiva, primero, y en la ganadería, después, el fruto de sus ingresos.
Fue a partir de las tierras que se constituyó una clase empresaria concentrada y no especializada: una oligarquía que controlaba un amplio conjunto de actividades.
La Argentina vio ingresar en estos años de auge grandes ganancias que, en gran parte, se destinaron al consumo.
Se modernizaron las ciudades a partir de modernos servicios de higiene y transportes, plazas, avenidas y un conjunto de edificios públicos ostentosos.
Se multiplicó el empleo y fue surgiendo, progresivamente, la industria nacional.
No obstante, esta modernización de las grandes ciudades aumentó, por otra parte, la brecha secular con el Interior, incapaz de insertarse en el Mercado Mundial.
La filosofía que encuadraba en el modo de vida de los intelectuales de aquella época fue el positivismo, por su valoración de la eficiencia y el pragmatismo, del orden y el progreso.
Esto llevó a que, en pocos años, la Argentina no sólo se incorpore al Mercado Mundial, sino que también pase a ser una de las mayores productoras de carne y cereales del mundo.
b) Cambios en la estructura social del país: Inmigración.
Los cambios que protagonizó la Argentina en estas décadas impuso, además, fuertes transformaciones en la composición demográfica.
Ya en 1853, se había sancionado la Ley 25 de la Constitución Nacional que fomentaba la inmigración europea. Sin embargo, fue recién a partir de 1880 que se comenzaron a observar las cifras más altas de inmigraciones.
En Europa, los grandes avances y las mejoras en la calidad de vida habían ocasionado una fuerte explosión demográfica. Además, las economías agrarias tradicionales habían entrado en crisis.
Argentina, por su parte, necesitaba abundante mano de obra para el trabajo en su naciente economía. Por esta razón, intentó fomentar la inmigración mediante propaganda y pasajes subsidiados.
La conjunción de estas condiciones explica el fuerte proceso inmigratorio que se vivió en aquellos años.
La inmigración masiva y el progreso económico remodelaron profundamente la sociedad argentina, y podría decirse que la hicieron de nuevo. Los 1,8 millones de habitantes en 1869 se convirtieron en 7,8 millones en 1914 y en ese mismo período, la población de la ciudad de Buenos Aires pasó de 180 mil habitantes a 1,5 millones. Dos de cada tres habitantes de la ciudad eran extranjeros en 1895, y en 1914, cuando ya habían nacido de ellos muchos hijos argentinos, todavía la mitad de la población de la ciudad era extranjera. La mayoría fueron los italianos, primero del norte y luego del sur, y los siguieron los españoles, y en menor medida los franceses. Pero llegaron inmigrantes de todas partes, aunque en contingentes pequeños, al punto que se pensó en Buenos Aires como en una nueva Babel.
Los inmigrantes impulsados por el afán de “hacer la América” fueron capaces de adaptarse a las condiciones que le imponía el mercado del trabajo: en la década de 1880 se concentraron en las grandes ciudades para trabajar en la construcción de obras públicas y la remodelación urbana. Las grandes ciudades se llenaron de trabajadores, en su mayoría extranjeros pero también criollos. Sus ocupaciones eran diversas y sus condiciones laborales heterogéneas: jornaleros sin calificación, artesanos calificados, vendedores ambulantes, sirvientes y obreros de las primeras fábricas. Sin embargo, su forma de vida era similar: vivían hacinados en los conventillos del centro de la ciudad. Padecían difíciles condiciones cotidianas: mala vivienda, altos costos de alquiler, problemas sanitarios, inestabilidad en los empleo y bajos salarios, epidemias, problemas de mortalidad infantil, etc.
En la década siguiente, en cambio, motivados por el progreso agrario, los inmigrantes se instalaron masivamente en el campo. Al interior fueron pocos, con excepción de lugares como Mendoza. En el Litoral, la mayoría se instaló precariamente como arrendatarios. Vivían en rudimentarios e inhóspitos ranchos, sin las comodidades mínimas, prestos a abandonar el lugar cuando el contrato vencía. Contribuyeron a las gruesas ganancias de los terratenientes y casas comerciales exportadoras, que se asociaban a los beneficios de los chacareros, pero sin participar en sus riesgos.
Los inmigrantes se fueron instalando, así, en una sociedad que estuvo durante bastante tiempo en formación. Progresivamente, se fueron mezclando entre ellos y con los criollos, generando formas de vida y de cultura híbridas. La heterogeneidad cultural y lingüística comenzó a superarse en la experiencia cotidiana de afrontar las duras condiciones de vida que, luego, estimularon la cooperación y la constitución de todo tipo de asociaciones: mutuales, de resistencia, gremiales en torno a las cuales la sociedad popular comenzó a tomar forma. Por otra parte, la convivencia permitía la espontánea integración de las tradiciones culturales y el surgimiento de formas híbridas pero de una vigorosa creatividad, como el tango, el sainete o lunfardo, donde confluían los elementos criollos y los muy diversos aportados por la inmigración.
Por otra parte, los inmigrantes fueron los responsables de formar las primeras asociaciones sindicales, de tendencias socialista y anarquista, que predominaban en la Europa de la época.
En definitiva, compleja y larga fue la integración y consolidación de la sociedad, como así también lo fueron sus consecuencias ideológicas, sociales y culturales.
c) Crisis del modelo agroexportador
La crisis económica de 1929, el crack de la Bolsa de Valores de Nueva York (Wall Street), desarticuló el mercado mundial y afectó a todos los sectores económicos.
La libra esterlina no pudo mantener su convertibilidad y se declaró inconvertible. Perdió su liderazgo como moneda internacional y fue desplazada por el dólar.
La estrecha vinculación de la economía argentina con la internacional la sensibilizó a sus fluctuaciones cíclicas. Europa disminuyó bruscamente sus compras a la Argentina y los precios cayeron un 50%. Las escasas divisas de la renta agraria no podían mantener un exitoso funcionamiento de la economía.
Por otra parte, en el plano político, la crisis agravó las diferencias de la conducción gubernativa de Hipólito Yrigoyen y le sirvió a la oposición para acusarlo de ineptitud total.
La salida a esta crisis económico-política fue un golpe militar de tipo oligárquico que intentó restaurar la hegemonía para el sector agrario-exportador.
Bibliografía
MILLIA, María L.; SCARAFÍA, Inés: El proceso de formación de la economía internacional. El sistema capitalista, 2006, Material de cátedra para uso de los alumnos de la Escuela Normal Superior Nº 32 “General José de San Martín”, Santa Fe.
PAZ, Pedro: Proceso de acumulación y política económica en: AAVV: Crisis de la Dictadura Argentina. Política económica y cambio social (1976 - 1983), 1985, Edit. Siglo XXI, Buenos Aires.
ROMERO, Luis Alberto: Breve historia contemporánea de la Argentina, 2010, Edit. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.
VILAR, Juan: Contribución al conocimiento de la realidad nacional, Ficha de Cátedra.
http://es.wikipedia.org/
Para analizar la incorporación de la Argentina al Mercado Mundial, es indispensable hacer una previa caracterización de las condiciones dominantes en aquella época.
A mediados del Siglo XIX, se comenzó a gestar la Segunda Revolución Industrial (también llamada “Revolución del acero”) en Inglaterra, Francia, Alemania, EEUU y Japón. Dicha Revolución significó una enorme transformación de la producción y el trabajo, a partir de un fantástico desarrollo técnico-científico (nuevas fuentes de energía, nuevas industrias, etc.). Asimismo, se innovaron los sistemas de transportes y comunicaciones.
A fines del Siglo XIX la necesidad de nuevos mercados produjo que las potencias occidentales establezcan “zonas de influencia”, en la que cada una tenía prioridad para comerciar e invertir (es decir, impusieron un mercado cautivo). A este proceso de expansión capitalista se lo denominó Imperialismo.
La mayoría de los países de América Latina mantuvo su independencia política, pero estuvo sujeta a una fuerte penetración económica de los países centrales, especialmente, Gran Bretaña.
En estas circunstancias, se produjo la integración del sistema económico mundial y surgió la denominada División Internacional del Trabajo:
• Por un lado, se encontraban aquellos países industrializados (los países “centrales”) que se especializaron y se concentraron en la producción de manufacturas, de bienes de capital y de tecnología. Estos países demandaban viejas y nuevas materias primas para la producción y la alimentación de una población que crecía y que disponía de ingresos en aumento. Además, invertían su capital excedente en el desarrollo de la infraestructura y los transportes ligados al circuito de su comercio (inversiones en países “periféricos”).
• Por otro lado, existían aquellos países, como Argentina, que se especializaron en la producción de alimentos y materias primas para abastecer a los países centrales. A su vez, se transformaron en mercados consumidores de productos industrializados. Además, recibieron el excedente de población de los países “centrales”, producto de la “explosión demográfica”. Estos países conformaron las “periferias capitalistas”.
En este sentido, cada país se especializaba, según sus “ventajas comparativas”, es decir, en aquellas producciones para las cuales contaba con las condiciones más ventajosas y, por tanto, podía ofrecer al mejor precio.
Mientras en el mundo comenzaba la integración plena del mercado, en la Argentina era deficiente aún la organización institucional. Para progresar, debía vencer una serie de obstáculos y asegurar, de esta forma, “la paz y el orden”, y el efectivo control sobre el territorio. Este objetivo se tradujo en varias acciones, entre las que podemos nombrar:
• Aseguraron el monopolio de la fuerza: desde 1852, el Estado fue dominando y subordinando a quienes, hasta entonces, habían desafiado su poder, y aseguró para el ejército nacional el monopolio de la fuerza.
• El Estado afirmó su poder sobre los vastos territorios controlados por los indígenas.
• Los límites territoriales del Estado se definieron con claridad, y las cuestiones internas se separaron tajantemente de las anteriores, con las que tradicionalmente se habían mezclado.
• La Constitución de 1853, sentó las bases jurídicas del Estado. Sin embargo, sirvió para justificar la concentración y el ejercicio deliberado del poder.
Progresivamente, el Estado fue venciendo los obstáculos y, poco a poco, se fue insertando en el Mercado Mundial a partir de la exportación de carnes y cereales (factor dinámico). No obstante, esto no hubiera sido posible sin el aporte de los capitales de Gran Bretaña (que venía funcionando de metrópolis desde 1810) al costo de la construcción del Estado.
Como se mencionó anteriormente, Gran Bretaña estuvo presente en la Argentina desde 1810. Sin embargo, fue en 1880, con la maduración del estado, que se consolidó la asociación angloargentina. Incapaz de afrontar la competencia industrial, Argentina se refugió en el Imperio Británico y en sus monopolios, y optó por las ganancias aseguradas por inversiones privilegiadas, de bajo riesgo y alta rentabilidad.
Además de los rubros tradicionales –comercios, bancos, préstamos al Estado-, los británicos se aseguraron los préstamos hipotecarios sobre las tierras, las inversiones en empresas públicas de servicios, como tranvías o aguas corrientes, y sobre todo los ferrocarriles.
Sin embargo, el fuerte endeudamiento del Estado convertía el servicio de la deuda externa en una carga onerosa que se solventaba con nuevos préstamos o con los saldos del comercio exterior. El problema se presentaba en los momentos de crisis cíclica, en el que ambas alternativas se reducían drásticamente.
Los lineamientos de la política económica fueron de claro corte liberal: patrón oro o patrón libra esterlina-oro como eje de la política cambiaria; respeto al librecomercio; emisión de títulos de la deuda pública y contratación de empréstitos en el mercado de Londres como política de financiamiento externo; política fiscal de tipo gladstoniana, etc.
Entre 1880 y 1890 el Estado desarrolló acciones dentro del marco del “gobierno liberal” para solucionar los “cuellos de botella” y crear condiciones para el desenvolvimiento de los empresarios privados.
El Estado también se hizo cargo de la “Conquista del Desierto” de la que resultó la incorporación de vastos territorios de tierras fértiles que fueron vendidas a muy bajo costo a pocas manos. Esta resultó decisiva para la conformación de la clase terrateniente, que vio en la explotación agraria extensiva, primero, y en la ganadería, después, el fruto de sus ingresos.
Fue a partir de las tierras que se constituyó una clase empresaria concentrada y no especializada: una oligarquía que controlaba un amplio conjunto de actividades.
La Argentina vio ingresar en estos años de auge grandes ganancias que, en gran parte, se destinaron al consumo.
Se modernizaron las ciudades a partir de modernos servicios de higiene y transportes, plazas, avenidas y un conjunto de edificios públicos ostentosos.
Se multiplicó el empleo y fue surgiendo, progresivamente, la industria nacional.
No obstante, esta modernización de las grandes ciudades aumentó, por otra parte, la brecha secular con el Interior, incapaz de insertarse en el Mercado Mundial.
La filosofía que encuadraba en el modo de vida de los intelectuales de aquella época fue el positivismo, por su valoración de la eficiencia y el pragmatismo, del orden y el progreso.
Esto llevó a que, en pocos años, la Argentina no sólo se incorpore al Mercado Mundial, sino que también pase a ser una de las mayores productoras de carne y cereales del mundo.
b) Cambios en la estructura social del país: Inmigración.
Los cambios que protagonizó la Argentina en estas décadas impuso, además, fuertes transformaciones en la composición demográfica.
Ya en 1853, se había sancionado la Ley 25 de la Constitución Nacional que fomentaba la inmigración europea. Sin embargo, fue recién a partir de 1880 que se comenzaron a observar las cifras más altas de inmigraciones.
En Europa, los grandes avances y las mejoras en la calidad de vida habían ocasionado una fuerte explosión demográfica. Además, las economías agrarias tradicionales habían entrado en crisis.
Argentina, por su parte, necesitaba abundante mano de obra para el trabajo en su naciente economía. Por esta razón, intentó fomentar la inmigración mediante propaganda y pasajes subsidiados.
La conjunción de estas condiciones explica el fuerte proceso inmigratorio que se vivió en aquellos años.
La inmigración masiva y el progreso económico remodelaron profundamente la sociedad argentina, y podría decirse que la hicieron de nuevo. Los 1,8 millones de habitantes en 1869 se convirtieron en 7,8 millones en 1914 y en ese mismo período, la población de la ciudad de Buenos Aires pasó de 180 mil habitantes a 1,5 millones. Dos de cada tres habitantes de la ciudad eran extranjeros en 1895, y en 1914, cuando ya habían nacido de ellos muchos hijos argentinos, todavía la mitad de la población de la ciudad era extranjera. La mayoría fueron los italianos, primero del norte y luego del sur, y los siguieron los españoles, y en menor medida los franceses. Pero llegaron inmigrantes de todas partes, aunque en contingentes pequeños, al punto que se pensó en Buenos Aires como en una nueva Babel.
Los inmigrantes impulsados por el afán de “hacer la América” fueron capaces de adaptarse a las condiciones que le imponía el mercado del trabajo: en la década de 1880 se concentraron en las grandes ciudades para trabajar en la construcción de obras públicas y la remodelación urbana. Las grandes ciudades se llenaron de trabajadores, en su mayoría extranjeros pero también criollos. Sus ocupaciones eran diversas y sus condiciones laborales heterogéneas: jornaleros sin calificación, artesanos calificados, vendedores ambulantes, sirvientes y obreros de las primeras fábricas. Sin embargo, su forma de vida era similar: vivían hacinados en los conventillos del centro de la ciudad. Padecían difíciles condiciones cotidianas: mala vivienda, altos costos de alquiler, problemas sanitarios, inestabilidad en los empleo y bajos salarios, epidemias, problemas de mortalidad infantil, etc.
En la década siguiente, en cambio, motivados por el progreso agrario, los inmigrantes se instalaron masivamente en el campo. Al interior fueron pocos, con excepción de lugares como Mendoza. En el Litoral, la mayoría se instaló precariamente como arrendatarios. Vivían en rudimentarios e inhóspitos ranchos, sin las comodidades mínimas, prestos a abandonar el lugar cuando el contrato vencía. Contribuyeron a las gruesas ganancias de los terratenientes y casas comerciales exportadoras, que se asociaban a los beneficios de los chacareros, pero sin participar en sus riesgos.
Los inmigrantes se fueron instalando, así, en una sociedad que estuvo durante bastante tiempo en formación. Progresivamente, se fueron mezclando entre ellos y con los criollos, generando formas de vida y de cultura híbridas. La heterogeneidad cultural y lingüística comenzó a superarse en la experiencia cotidiana de afrontar las duras condiciones de vida que, luego, estimularon la cooperación y la constitución de todo tipo de asociaciones: mutuales, de resistencia, gremiales en torno a las cuales la sociedad popular comenzó a tomar forma. Por otra parte, la convivencia permitía la espontánea integración de las tradiciones culturales y el surgimiento de formas híbridas pero de una vigorosa creatividad, como el tango, el sainete o lunfardo, donde confluían los elementos criollos y los muy diversos aportados por la inmigración.
Por otra parte, los inmigrantes fueron los responsables de formar las primeras asociaciones sindicales, de tendencias socialista y anarquista, que predominaban en la Europa de la época.
En definitiva, compleja y larga fue la integración y consolidación de la sociedad, como así también lo fueron sus consecuencias ideológicas, sociales y culturales.
c) Crisis del modelo agroexportador
La crisis económica de 1929, el crack de la Bolsa de Valores de Nueva York (Wall Street), desarticuló el mercado mundial y afectó a todos los sectores económicos.
La libra esterlina no pudo mantener su convertibilidad y se declaró inconvertible. Perdió su liderazgo como moneda internacional y fue desplazada por el dólar.
La estrecha vinculación de la economía argentina con la internacional la sensibilizó a sus fluctuaciones cíclicas. Europa disminuyó bruscamente sus compras a la Argentina y los precios cayeron un 50%. Las escasas divisas de la renta agraria no podían mantener un exitoso funcionamiento de la economía.
Por otra parte, en el plano político, la crisis agravó las diferencias de la conducción gubernativa de Hipólito Yrigoyen y le sirvió a la oposición para acusarlo de ineptitud total.
La salida a esta crisis económico-política fue un golpe militar de tipo oligárquico que intentó restaurar la hegemonía para el sector agrario-exportador.
15 de abril de 2010
Calificación: 9 (nueve)
__________Calificación: 9 (nueve)
Bibliografía
MILLIA, María L.; SCARAFÍA, Inés: El proceso de formación de la economía internacional. El sistema capitalista, 2006, Material de cátedra para uso de los alumnos de la Escuela Normal Superior Nº 32 “General José de San Martín”, Santa Fe.
PAZ, Pedro: Proceso de acumulación y política económica en: AAVV: Crisis de la Dictadura Argentina. Política económica y cambio social (1976 - 1983), 1985, Edit. Siglo XXI, Buenos Aires.
ROMERO, Luis Alberto: Breve historia contemporánea de la Argentina, 2010, Edit. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.
VILAR, Juan: Contribución al conocimiento de la realidad nacional, Ficha de Cátedra.
http://es.wikipedia.org/
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